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Fotografía / Rayoherald.com

Valentía, coraje y nobleza

Suelo preparar mi encuentro semanal con la pluma con una lucidez mental de la que esta vez carezco. Los peor pensados apuntarán, con su habitual desatino, a la bendita frasca de morapio que siempre adorna y alumbra mi mesa como presunta culpable. No van por ahí los tiros, pues la causa de mi falta de foco es un perfecto y agudo sonido que ni quiero ni consigo sacar de mis oídos.

Mi corazón franjirrojo está acostumbrado a casi todo, pero los gritos de apoyo de la afición vallecana en al partido contra el Cartagena se han instalado en mi pecho, cercanos a ese rincón en el que guardo ocasiones irrepetibles y en el que espero tener que hacer hueco a no mucho tardar. Seré por tanto breve, pues la emoción me invade y a uno le han contratado más por su habilidad repartiendo certeras cuchilladas que por su poca facilidad para regalar cumplidos.

Sin palabras para definir un sentimiento único

El impresionante ambiente que se cocinó el sábado en Vallecas lo dejó bastante claro, pero por si algún rufián de esos que abundan se olvida y se intenta apropiar indebidamente de lo que no es suyo, nunca sobra recordar que el Rayo Vallecano pertenece a esos que semana tras semana se dejan sus ilusiones, su tiempo y sus maravadíes por animar de manera incondicional a una franja roja que les cruza el alma.

No me importa ni desde dónde ni con cuánta fuerza, cada porción de corazón y cada trozo de garganta es único e importante. Ellos, a los que me refiero en tercera persona pero entre los que me cuento bajo amenaza de duelo al amanecer con el que lo dude, son el verdadero corazón de un sentimiento humilde pero auténtico que no se puede medir ni controlar. Los pelos de punta, y no acostumbro.

Roma no paga traidores

Andaba yo atento a lo que me contaban algunas sombras escurridizas de cigarro y lengua afilada cuando explotó todo delante de mis narices. Nunca me gustaron las crestas ni los pelos teñidos de rubio platino. El río sonaba y llevaba mucha agua detrás. Malandrines de variado pelaje merodean en las vidas de ciertos «canteranos» que dejan tras de sí un poso de avaricia y desasosiego. Le dieron la oportunidad de crecer entre los mayores con pares y juego, pero eligió envidar torpemente con un par de pitos miserables. Jugador de chica perdedor de mus dicen en mi taberna y el que menos lleva cuarenta años jugando a las cartas. Suerte por Karpaty.

149 días para entregar la primera carta

Miente el que diga que no tenía la mosca detrás de la oreja con el delantero montenegrino el sábado pasado. 149 días para entregar su primera carta son sin duda demasiados, pero sería de torpes e indeseables seguir hablando de lo que ya pasó y no de lo que está por pasar. Crédito para Delibasic por tirar de emotividad y alegría en su celebración en lugar de ir por la senda del mosqueo y de la ira. Vallecas es fiel y se entrega sin reservas a los honestos, olvidando afrentas pasadas si es menester. «Mil herculanos valen más que cinco o diez mil del Cartagena», dijo el delantero el año pasado con la camiseta del Hércules. Creo que ahora tiene claro cuánto vale un vallecano.

Filias y fobias

No me gusta nada lo que veo, oigo, leo e incluso escribo sobre el filial franjirrojo, y no hablo sólo del gesto ruin y mezquino que tuvieron con los gallegos en el primer gol del domingo. Siempre tengo la daga bien guardada cuando hablo de los más jóvenes, pues su necesidad de crecimiento bien merece mi mano amiga y un buen margen de confianza, pero de un tiempo a esta parte demasiadas cosas me huelen a chamusquina. Dejen las tonterías para dentro de unos años cuando tengan que reponer latas de sardinas en la tienda de la esquina e intenten aprovechar al máximo su oportunidad, que este tren no pasa por el césped dos veces. Y por la banda tampoco Sr. Jimeno, por la banda tampoco…

De la Vega

Apellido de enjundia y melena al viento. La vida pirata le dió un palo de los que sólo Dios sabe las consecuencias. Exiliado en Huesca volvió a orillas de la Albufera sin rumbo fijo y sin pasaporte para jugar con los elegidos para la gloria. Su pasado futbolístico destilaba amor por la franja de toda la vida hasta que un episodio, como mínimo extraño, acabó con sus huesos en galeras. Vallecas perdona y olvida como buen padre. Don Carlos renace de sus cenizas con un Coke sublime por delante. El tiempo pone a cada uno donde se merece. Ojalá.

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