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Fotografía / Rayoherald.com

José Mari, la eterna promesa

José María Romero es uno de los máximos exponente de ese modelo de futbolista en el que presente y futuro se constituyen como caminos completamente opuestos. De aquellos en los que su propio potencial deriva en una confianza ciega en los que optan por seguir su andadura por uno de esos caminos, el que dirige a la fama mundial, pero que en ocasiones se detiene y suscita en esos admiradores la misma sensación que identifica al jugador con un calificativo común, el de eterna promesa.

Un comienzo esperanzador

Hace ahora 15 años, la cantera del Sevilla contaba en sus filas con un auténtico fuera de serie, un delantero veloz, ágil, y con olfato goleador comenzaba a despuntar en el filial andaluz. Con 18 años recién cumplidos, José Mari llamaba ya de manera evidente la atención de ojeadores, directores deportivos y aficionados. Su calidad, unida a una edad en la que los equipos comienzan a perder la cabeza por futbolistas en los que se erigen dotes de crack, ofrecieron a José Mari las primeras oportunidades de destacar a nivel nacional.

El Sevilla, a sabiendas del potencial del canterano, le hizo debutar con el primer equipo ese mismo año. Sin embargo fue la temporada siguiente cuando el delantero, alternando el filial sevillista con la Primera División, logró destacar anotando 7 goles en los partidos disputados. Sin tiempo para poder disfrutar del jugador en la entidad nervionense, el Atlético de Jesús Gil por aquel entonces, daba la campanada y lograba el fichaje de un todavía jovencísimo José Mari.

La competencia en la delantera del equipo rojiblanco, con hombres como Vieri o Kiko en sus filas, no garantizó al sevillano todos los minutos deseados, pero en sus dos años en el equipo de la capital, logró participar en casi todos los encuentros cerrando ambas temporadas con 9 goles en su cuenta particular. A pesar de la juventud del futbolista, sus actuaciones le sirvieron para que con solo 20 años, fuese convocado con la selección absoluta de la mano de José Antonio Camacho. Muchos no sabían entonces que pese a su escasa edad, José Mari habría alcanzado ya el momento más álgido de su carrera.

Descenso en picado

Su debut con el combinado nacional traspasó las fronteras de nuestro país y comenzaron a sonar ofertas para el jugador a nivel europeo. El Milán, uno de los más grandes del viejo continente, fue quien se hizo con los servicios del jugador en el mercado invernal de la temporada 1999/2000 por un montante económico más que llamativo: 3200 millones de pesetas. Se convirtió así en el traspaso más caro de un futbolista español en aquel momento.

Con los rossoneri, José Mari disfrutó de dos temporadas marcadas por enormes altibajos en su rendimiento. No pudo lograr una cifra goleadora significativa y su manera de desenvolverse el terreno de juego no era la preferida de un fútbol italiano que no sentía predilección por la alegría y soltura en lo que a cuestiones futbolísticas se refería. El delantero se dio cuenta de la imposibilidad de triunfar en Italia y regresó cedido al Atlético.

Con 23 años todavía, no lograría encontrar en los siguientes años aquel camino que inició en su momento y que conducía al triunfo, ni en un Atlético que acababa de regresar del infierno, ni en los cuatro años posteriores que vistió la camiseta del Villarreal y en los que a pesar de gozar de minutos, no superó la decena de goles en una temporada.

Xerez, última parada de momento

El Betis, eterno rival sevillista, el Nástic, y ahora el Xerez fueron los siguientes destinos de un José Mari que algún momento de su carrera se desvió sin intención de su senda inicial. Nunca fue un goleador nato, pero sus movimientos en el terreno de juego y su astucia en los metros finales le hicieron ser la apuesta de muchos equipos.

Ahora en el Xerez el futbolista considera que no se siente viejo para este deporte y todavía mantiene, como es palpable esta temporada, muchas de esas aptitudes que sin duda harán disfrutar todavía a los azulinos de grandes tardes futbolísticas.

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