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Fotografía / Rayoherald.com

La taberna de los sueños

Directas desde la taberna nos llegan las últimas breverías de Alonso Quijano, feliz como nunca por la dirección que lleva la nave franjirroja pero desconfiado como siempre ante las oscuras amenazas que esperan detrás de cada esquina.

No lo pude evitar

Al finalizar el partido del sábado, mientras otros corrían a ver el modernizado fútbol manipulado por los poderosos que regala marcadores de balonmano, marché a mi lugar favorito a dejar la mente volar. Con unos trozos de pan y unas jarras de vino sobre la mesa, la imagen de un nuevo ascenso me llegó a emocionar, aunque rápidamente tuve que disimular mis ojos rojos alzando un brindis por Armenteros para desviar la atención del personal.

Instantes más tarde, con algo más de calma y un nuevo vaso de jarabe para el sistema circulatorio en el coleto, pude por fin sacar la pluma y dedicar estas líneas que me demandan los compañeros del heraldo.

Mi capitán

El sábado Sandoval le sacó para echar el balón al suelo y casi mete el primer balón que toca. Levantó la vista y soltó un latigazo seco al poste izquierdo, que levantó Vallecas. Luego llegó Delibasic a dos metros de la portería y casi despierta a la chica del Eurocolchón. Qué no se me olvide mi palito semanal al centro del campo. Comienza la segunda parte y es como si Movilla recibiera un calambre que le hace regalar un balón horizontal para el contragolpe fácil del rival. El día del Betis costó el 2-0, contra la Ponferradina por suerte todo quedó en un susto. Con Míchel eso no pasa.

Armenteros-dependencia

El argentino ya lleva nueve goles nueve, y contra la Ponferradina pudo hacer alguno más. Es el primer triplete de su carrera profesional y sale por Payaso Fofó como si nada. A falta de Aganzo y esperando a Delibasic, ha tomado el relevo a los de arriba y mete para dentro todo lo que pilla. Es un jugón que se asocia fácil y apuesto que se va a los veinte goles. Tiempo al tiempo.

Toché y Rosario Flores

Sufrían los de la franja roja sobre el césped de Vallecas cuando llegó el momento cumbre de la noche. Chicharro de Armenteros para confirmar la victoria y dos goles de Toché al Betis por el precio de uno, informados en bloque por el gran Rafa desde la cabina de mandos. Ahora quito el CD de Rosario Flores, ahora le doy al botón de gol del Cartagena y todos a casa contentos. Y que viva el Final Countdown.

Cinco tontos cinco

No sé ni cómo se llaman, pero prometo sacarles una foto para escarnio del pueblo llano. Se pasan el partido de pie justo en la esquina del banquillo contrario y lo más suave que se les escucha es una serie de tres “hijo de puta” seguidos. Les da igual el fútbol, Movilla o Armenteros, porque sólo están ahí para insultar. Los que se sientan en Arroyo del Olivar no dejen de bajar a escuchar a este quinteto ejemplar, porque lo están bordando todos los fines de semana. Sin vallas, igual alguno tiene menos huevos, qué pena.

La zurda de Piti

El menos espabilado de la taberna me decía el otro día que algo habría hecho Piti cuando no va ni convocado. Esto es como lo de los cumpleaños de Ronaldo o las fiestas de Ronaldinho. A mi Piti me suelta dos zurdazos envenenados desde veinticinco metros o me da asistencias de gol como las de ayer, y que haga lo que le de la gana en su tiempo libre. Para los tontos que reniegan por intereses ocultos, que se repitan despacito el pase por encima de la defensa en el segundo gol y que luego se pongan un capítulo de Bob Esponja para relajarse.

Vallas, Capítulo MCCLXI

Paseo una tarde de otoño por la tapia de El Retiro y me encuentro a uno de mis gargantas profundas pisando hojas mirando a la Puerta de Alcalá. Ha sido muy breve: “Quijano, las vallas no se quitan porque el Rayo no pone la pasta. No le deis más vueltas. La Comunidad no va a pagar una obra de una empresa privada de niños millonarios. ¿Qué os habéis creído? ¡Ni que fuera un Polideportivo para los vecinos!”. Le creo.

A la siguiente, en barco

No puedo cerrar estas líneas sin acordarme de la que será próxima batalla. A las islas llegaremos en barco, como siempre, aún sabiendo que no somos bien recibidos. Todavía me duele como un puñal clavado en el corazón lo sucedido allí durante los últimos años. Ni perdono el gol de Marcos Márquez ni olvido el esperpento del empate a cero que tantos problemas nos ha dejado. Camarote sin ventana he cogido para este viaje y no tengo intención de regresar con las manos vacías. Sandoval, toma nota.

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