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Fotografía / Rayoherald.com

Pepe Mel, 8 meses y 19 años después

Ocho meses han tenido que pasar para que José Mel Pérez vuelva a cruzar su camino con el del Rayo Vallecano. Tras ser destituido como entrenador de la entidad franjirroja, el madrileño hizo las maletas el pasado verano rumbo a Sevilla para dirigir a un equipo, el Betis, en el que ya militó como futbolista durante cuatro temporadas. En una de ellas se llegó a medir a los rayistas partiendo desde uno de los asientos del banquillo local del Benito Villamarín.

Un poco de historia

El 6 de octubre de 1991 el Rayo Vallecano visitaba el estadio sevillano. Los rayistas llegaban a la ciudad andaluza como líderes del campeonato después de un arranque liguero espectacular en el que sólo conocían la victoria. Al mando de la nave franjirroja, Eusebio Ríos, toda una institución en la entidad bética, donde jugó durante nueve temporadas.

Los vallecanos no tardaron en dar un golpe de efecto en el encuentro y a los 18 minutos ya vencían por 0-2 gracias a los tantos de Pruden y García Cortés. Sin embargo, los verdiblancos lejos de venirse abajo lograron dar la vuelta por completo al encuentro. Gabino por dos veces y Ureña lograban una épica remontada cuando al partido le restaban aún 40 minutos y el Rayo se había quedado con 10 hombres después de la expulsión de Jesús Diego Cota.

A Pepe Mel le tocaba esperar su oportunidad en el banco local. Ésta llegaría a falta de un cuarto de hora para el final. El delantero madrileño saltaba al campo con el partido dominado por parte de los locales, pero a pesar de ello no quiso quedarse sin mojar.

El partido entraba en el descuento y una jugada entre Zafra y Gabino acababa con el balón planeando por el área de Wilfred Agbonabare. Por allí apareció la cabeza de Mel, precisa para certificar la primera derrota rayista de la temporada y saciar el hambre de gol de un delantero que dos temporadas antes había alcanzado la gloria en el conjunto bético siendo uno de los héroes del ascenso a Primera y máximo goleador de la categoría.

Diecinueve años más tarde el Benito Villamarín volverá a aplaudir a un Pepe Mel que a buen seguro pasa gran parte del partido de pie en la banda, gesticulando ante sus jugadores y quién sabe si rematando algún balón desde la distancia hacia la portería de Cobeño. Quién sabe también qué sentimientos vivirá un hombre al que la franja roja le cruzó en su día y para siempre un alma de rayas verdes y blancas.

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