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Fotografía / Rayoherald.com

El genio regresa a su casa

Pocos futbolistas han levantado tanta simpatía, cariño y aplausos desde la grada de Vallecas en las últimas décadas como aquel al que apodaban ‘El Chincheta’. Con el número ‘7’ a la espalda, Onésimo Sánchez se ganó a toda la afición rayista con sus regates imposibles pegado a la línea de cal.

Quien le viese ahora pensaría que era un loco con ganas de protagonismo. Escorado en la banda derecha, con una pasividad que podía desesperar a cualquiera, Onésimo esperaba el balón. Daba igual que fuese un contraataque. Daba igual que estuviese solo ante tres defensas. Le daba igual. Él cogía la pelotita, se encerraba por sí solo en el córner, aguardaba a que llegasen a por él y por arte de magia les dejaba plantados en apenas un palmo. Y si estaba sembrado, volvía a intentarlo.

Ése era ‘One’, aquel rechoncho jugador capaz de regates imposibles, inversímiles, mágicos. Hoy mucho se habla de la genial «croqueta» de Iniesta. Cuando el crack de Fuentealbilla entraba en su adolescencia, Onésimo ya había repetido hasta la desesperación de sus rivales esa finta maravillosa.

Brillantes detalles en las antípodas del juego al que hoy llaman galáctico. Fuera abdominales de acero, peinaditos ñoños, anuncios por televisión y demás parafernalia. El mismísimo Johan Cruyff intentó encajar aquella joya en aquel mítico ‘Dream Team’. Suerte para los vallecanos, que disfrutaron de un futbolista único durante cuatro temporadas. Aparte de sus prodigiosos regates, ‘El Chincheta’ dejó 22 goles, de los cuales permanecerá siempre en el recuerdo aquel que daba la salvación al Rayo en el minuto 36 de la segunda parte del partido de promoción ante el Mallorca. Esa vaselina aún pone los pelos de punta a quienes fueron testigos.

La última vez que ‘One’ pisó el césped de Vallecas con la franjirroja fue el 10 de mayo de 1998. El Rayo goleaba al Levante en el último partido de una discreta temporada en Segunda. Onésimo era víctima de un penalti y cerraba así su etapa como jugador rayista. Doce años y medio después, el genio regresa a su casa y como tal será recibido.

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