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Fotografía / Rayoherald.com

Onésimo: «Fue uno de los días más grandes de mi vida»

1 de junio de 1996. Partido de vuelta de la promoción entre el Rayo y el Mallorca. El 1-0 en contra del Luis Sitjar obliga a los franjirojos a la heroica si quieren seguir un año más en primera división. Wilfred, Cota, Alcázar, De Quintana, Baroja, Martín González, Ezequiel Castillo, Barla, Onésimo, Guilherme y Aquino saltan al césped de Vallecas con un único objetivo: no bajar a segunda. Ellos son los elegidos.

Una jugada que quedó para la historia

El plan se cumple a rajatabla y Guilherme adelanta al Rayo en el minuto trece. Vallecas estalla con el gol y cree en el milagro. Por desgracia las cosas se tuercen pronto y en el veinticuatro Wilfred ve la tarjeta roja tras tocar el balón con las manos fuera del área. Baroja deja su puesto para que entre Abel. Cinco minutos después y con la remontada a medias, Aquino se lesiona, dando entrada a Calderón.

En el minuto ochenta y nueve llega el éxtasis al estadio vallecano. Onésimo recibe un balón en diagonal a la banda izquierda desde la zurda de Calderón. Apenas lo controla, pasa el medio campo y levanta la vista. Ve a Kike adelantado y lanza una volea que se cuela por la escuadra de la portería. Lo que se vive en el estadio no se puede narrar con palabras. La gente habla de la mayor alegría vivida en la historia del equipo, mayor aún que los ascensos ante Getafe, Deportivo de la Coruña, Castellón o Extremadura. Esa tarde Vallecas lloró de alegría como no se recuerda.

Una cita para el recuerdo

A poco más de veinticuatro horas para el Rayo – Huesca, y después de más de catorce años de ese gol, Onésimo nos relata como lo vivió. «El partido se había complicado mucho. Íbamos ganando, pero estábamos con diez, Aquino lesionado, y ellos se estaban creciendo poco a poco. Me acuerdo de un balón de ellos al larguero que silenció la grada. Aguantar para llegar a la prórroga era acumular más cansancio y remar para morir en la orilla».

Ese gol está grabado en la retina de muchos rayistas y se recuerda como uno de los momentos más gloriosos de la historia. «Recibo una contra de Antonio Calderón con su zurda magistral. Él ya me ha visto echar a correr por la izquierda, no hay fuera de juego y recibo escorado, y con un defensor encima. No me lo pienso. Miro a portería y veo a Kike adelantado… me sale un golpeo de exterior en volea imparable. ¿Y después? La locura. Me acuerdo que me pongo a correr y me quedo sentado, me caen todos encima… además era
mi último partido en el Rayo».

Este sábado Vallecas recibe a Onésimo por primera vez desde que se marchó en 1999. Sabe que se le recuerda, pero no espera nada especial. «Desde mi retirada he venido varias veces a ver fútbol y a saludar a los pocos que quedan en el club de esa época, pero lo de este sábado es algo especial, es verdad. No he vuelto a pisar ese césped, y de camino al banquillo volveré a pasar justo en el sitio dónde golpee el balón».

La magia y la anarquía en pantalón corto

Los recuerdos brotan entre silencios, como cuando se paraba delante de dos rivales y arrancaba de forma anárquica, con la pelota pegada al pie. Sabe que el Rayo ha empezado muy bien y no es la mejor plaza para sacar los primeros tres puntos. «Estamos mejorando poco a poco. El otro día no merecimos perder contra el Salamanca. Tenemos equipo para luchar por pasarlo lo menos mal posible. Enfrentarse al Rayo como está ahora mismo es un reto. Han apostado por un entrenador joven, por la cantera, pero está claro que son un club grande que sólo piensa en subir a primera división».

Su vida de entrenador le ha vuelto a dar una oportunidad tras la fallida de Valladolid y la quiere aprovechar al máximo. «Tengo las ideas muy claras y un esquema de juego que poco a poco vamos a llevar a cabo. El equipo está falto de gol, pero lo estamos compensando con recibir pocos. Atar el juego del Rayo no va a ser fácil porque ellos están en una línea optimista y de resultados. Además Vallecas no es fácil para nadie, la gente aprieta y se vive el fútbol de una forma diferente»

Las palabras de Onésimo dejan un regusto de sinceridad y de cariño para la que fue su casa durante varios años. «No lo puedo negar. Aquí he vivido mis mejores años, he jugado en primera división con todos los entrenadores, he disfrutado del fútbol y me gustaría, cualquiera sabe cuando, sentarme en ese banquillo y dirigir al Rayo, por qué no».

A partir del minuto 1:21 del siguiente vídeo se puede recordar el mencionado gol de Onésimo al Mallorca

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