Principal > Reportajes > Llorens, rayista de corazón

Llorens, rayista de corazón

Charly no le guarda rencor al club pero se vislumbra en sus palabras un atisbo de rabia interior apaciguada por el paso de los meses. “Yo acababa contrato en junio de 2009 y me comunicaron que el entrenador no contaba conmigo. El año había comenzado muy bien con Mel, jugué de titular los primeros partidos y luego fui desapareciendo de las alineaciones. Durante casi todo el año jugó Coke por mi banda y Albiol de lateral derecho. El año del ascenso fue distinto porque solía jugar bastantes partidos o por lo menos la mayoría de los de casa. Lo asumí como pude poco a poco y me hice a la idea de que no iba a poder cumplir mi sueño, así es la vida”.

Quería llegar a los 40 con la camiseta del Rayo Vallecano

Sus ganas de seguir jugando un año más se enfrentaron a una edad poco proclive a los sobresaltos y cambios de maleta, familia, etc. “Con 39 años lo tenía muy claro, sabía que me quedaba uno y lo quería cumplir renovando por el Rayo Vallecano, que es el club que me lo había dado todo. Soy del Rayo, lo era y me creí que lo podría dejar en 1ª División, como él me hizo feliz cuando debuté”.

Atrás queda en la distancia su llegada al rayo en la temporada 98/99 desde el Leganés, el ascenso a 1ª División y su debut con casi 30 años – el 22 de agosto de 1999 -, en el Estadio Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid, en un encuentro que terminó con victoria rayista por 0-2. El destino le llevó en el verano de 2000, junto a Iván Amaya y Jean Francois Hernández, al Atlético de Madrid, buscando salir del “infierno” de la 2ª División. Las cosas se torcieron demasiado pronto y en el mercado invernal dejó el Atlético, para terminar la temporada en el Osasuna.

Mi sueño era despedirme aquí en Primera División, me voy con ese sabor agridulce

De Pamplona a Vitoria para vivir la época más gloriosa del equipo, con final de la UEFA incluida, con dos temporadas marcadas por un nuevo descenso a 2ª División, que significaron el inicio del declive actual del equipo vitoriano. El Polideportivo Ejido fue su siguiente destino durante tres temporadas, en las que estuvo con Pepe Mel de entrenador hasta su cese, para regresar al Rayo Vallecano, en su segunda y última etapa en el club:“Mi sueño era despedirme aquí en Primera División, me voy con ese sabor agridulce”.

Dicen que idolatró a Maldini, del que guarda su camiseta como uno de sus tesoros más preciados, y que ya varios médicos de los clubes dónde ha jugado le vieron madera de atleta. «Creo que es más una cuestión genética, por el tipo de musculatura que tengo. Me cuido en todos los aspectos como si siguiera jugando al fútbol y creo que siempre he tenido suerte con las lesiones, cosa que con 39 años no era fácil. Por eso lo de correr por asfalto se me está dando bastante bien”.

El día que me retiré contra el Zaragoza fue impresionante

Le han llamado de todo por los campos de España y sabe del cariño y el respeto que se ganó entre la afición vallecana. “El día que me retiré contra el Zaragoza fue impresionante, pensé que nunca llegaría el momento y lo pasé muy mal. Además ese día se iba mucha gente que había subido al equipo un año antes y no era fácil decir adios a Vallecas. Nos fuimos muchos: Manolo, Tete, Albiol, Amaya, Enguix, Diamé…”

No es ajeno a la situación actual del equipo y opina desde la distancia pero sin dejarlo de lado. “El Rayo se ha equivocado este año. Los nervios han sido malos consejeros desde que las victorias no llegaron, y la obligación de ascender en una liga donde hay diez equipos que aspiran a lo mismo, la falta de paciencia cuando se alejaban de la cabeza de la tabla… muchas cosas. Echan a Mel, la situación va a peor, se pone el Secretario Técnico, las cosas no salen, se siguen perdiendo partidos, se tensa y se enrarece el ambiente y al final estás a falta de cinco semanas deseando que acabe la liga, y planificar bien las cosas para que no vuelva a suceder”.

Lejos queda ya su último gol con la franja roja ante la Real Sociedad, su ciclo de tarjetas a punto de cumplir y la no convocatoria ante Las Palmas por si acaso veía la quinta amarilla, su melena y su bengala en la Fuente de la Asamblea, y sus hijos orgullosos con la camiseta en la grada celebrando que papá es el que más corre… darle tiempo.

0 comments
<