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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

Cuando el miedo llama a la puerta

Definitivamente, este Rayo me da miedo. Envuelto en un aura de tonos más grises que alegres, con pasos más hacia atrás que hacia adelante, superado por la frustración y la congoja. Atrás queda un inicio de temporada esperanzador, en el a los del Teresa Rivero les sobraba un desparpajo repentino tras una pretemporada dudosa. ¿Qué ha sido de ese equipo que borró de Anoeta al que hoy es líder de la categoría? ¿Y qué fue de aquella capacidad goleadora envidiable?

Del pasado no se vive, salvo meritorias o casuales excepciones. En este mundo de sociedad globalizada, donde el ayer se desfasa en menos de 24 horas y el presente engulle a ciegas todo aquello que se le pone por delante, las buenas sensaciones que dejó el equipo allá por noviembre son cosa del olvido. Como en la novela de Michael Ende ‘La Historia Interminable’, la Nada avanza a pasos agigantados devorando todo atisbo de creatividad franjirroja.

Lo peor de todo es que no se divisa ningún Bastian ni Atreyu en el horizonte que puedan frenar la debacle rayista. A pesar de lo dicho, y aunque pueda parecer lo contrario, no pretendo ser nihilista. La Nada avanza pero confío en que se frene, más por inercia o porque tragará a otros antes que a los nuestros, que por falta de méritos en este 2010.

Saldremos, estoy seguro de ello, mas un miedo llama a la puerta. Es el aburrimiento de no luchar más que por mantener posiciones intermedias. Este podría llegar a Vallecas para quedarse hasta final de temporada, con un Rayo zozobrando hasta al menos septiembre, fecha en la que, en teoría, volveremos a luchar por un objetivo concreto.

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