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El Pontevedra indulta al Rayo

Refrito de farodevigo.es

El Pontevedra no supo aprovechar su superioridad numérica durante buena parte del partido y se dejó empatar por un Rayo que fue netamente superior salvo en los primeros treinta segundos de partido, los que tardó Charles en abrir el marcador con un zapatazo impresionante desde el interior del área.

Los franjirrojos tuvieron que hacer un esfuerzo titánico para equilibrar el encuentro y suyas fueron las mejores ocasiones. Sólo la destacadísima actuación de Bonis evitó el triunfo de los de Míchel, que empataron al borde del descanso por mediación de Ricardo Cavas.

El acoso y derribo de los vallecanos en los minutos finales no tuvo premio y el Rayo ve como el ascenso se complica un poco más. El Pontevedra, por su parte, vio quebrada su racha de tres victorias consecutivas en feudo contrario, aunque sumó un valioso punto ante un rival directo.

El encuentro no pudo comenzar mejor para el Pontevedra. Los granates pusieron el balón en juego, éste llegó a la banda izquierda desde donde Rubén Reyes lo envió al área y fue rematado de volea por Charles al fondo de la red. Había transcurrido tan sólo medio minuto y el Rayo ni había tocado el cuero. Los hombres de Argibay comenzaban ganando para alegría de su nutrida afición y el tanto supuso un shock para los madrileños, que tardaron un buen rato en recuperarse.

Olvidados los nervios, los pupilos del mediático Míchel comenzaron a acercarse con peligro a las inmediaciones de Bonis, aunque sin la efectividad mostrada por los pontevedreses.

El Rayo Vallecano se hizo con el mando del esférico y traspasó la inquietud a los gallegos, que veían como las ocasiones se sucedían en su área. Entonces emergió la figura de Bonis, todo un gigante en la portería ya que en esos quince primeros minutos achicó de su meta todos los disparos que le llegaron de jugadores locales. A los 16 minutos, una fea patada de Rodri sobre Yuri supuso la expulsión del franjirrojo, circunstancia que encendió los ánimos de la grada e infundió coraje a los futbolistas locales.

El encuentro, en tan sólo veinte minutos, había tenido incidencias sobradas para escribir varias páginas. Los jugadores se dieron una tregua y el juego se calmó durante algunos minutos, en parte porque los discípulos de Argibay retomaron el control del balón y lo hicieron circular con tranquilidad, buscando la sentencia.
Sin embargo, pagarían caro su exceso de confianza y encajarían el empate antes del descanso. Una falta botada por Míchel desde la derecha era introducida de certero cabezazo a la escuadra por el lateral Ricardo Cavas, marcando un tanto de los denominados psicológicos ya que animó tanto a los jugadores locales como a la hinchada vallecana.

El segundo tiempo comenzó muy trabado y con demasiadas interrupciones. Tanto Rayo como Pontevedra iban a por todas y comenzó el recital de silbato y tarjetas de Ramos Hernández.

El encuentro discurría con menos chispa y emoción que en la primera mitad. Nadie lograba mantener la posesión con claridad. Sin embargo, era el Pontevedra el que se acercaba con más peligro en los primeros compases, aunque sus remates nunca encontraron portería. El técnico franjirrojo decidió revolucionar el encuentro dando entrada a Kiko por un Collantes que había sido el mejor de su equipo hasta el intermedio, pero que había reducido su rendimiento considerablemente tras la reanudación.

Con Kiko, Tébar y Míchel comandando el centro del campo, el fútbol de los franjirrojos subió enteros y, a los 67 minutos, el recién incorporado avisó con un cabezazo que se perdió muy cerca de la escuadra izquierda de Bonis.
El Pontevedra no sabía cómo aprovechar su superioridad en número y, poco a poco, a base de empuje y esfuerzo, el Rayo logró imponerse y recuperar el control del balón. Los últimos minuto fueron un constante asedio rayista sobre la meta de los granates, que se defendieron como pudieron. Albiol y Armentano tuvieron la victoria en sus botas, pero una vez más «San» Bonis apareció para realizar dos paradones y evitar el segundo tanto vallecano.

Organista también pudo dar la victoria a los suyos con un disparo desde lejos, pero Alberto no quiso ser menos que su colega y detuvo el lanzamiento del centrocampista pontevedrés. No hubo tiempo para más emociones y se consumó el empate, un resultado que no dejó contento a ninguno de los dos entrenadores.

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