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Fotografía / Rayoherald.com
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Día triste para un rayista

Punto y final a 1309 días en el banquillo del Rayo Vallecano. Aquí se acaba la historia de Pepe Mel al frente del banquillo franjirrojo, víctima de un fútbol profesional que se veía muy de lejos en Vallecas cuando el técnico madrileño se hizo cargo del equipo en Junio del 2006. Más allá de los sinsabores de esta temporada, Pepe Mel ha calado en el Rayo y el Rayo ha calado en Pepe Mel.

“Vengo a un club grande”, aseguraba el día de su presentación como nuevo técnico rayista. Lo siguiente fue explicarle la historia del Rayo Vallecano a una plantilla que deambulaba por Segunda B. Para Pepe Mel ese era el primer paso para salir del fango, y se salió. Con lágrimas y decepciones por el camino, pero se salió. Y ese Rayo que venía de ni siquiera jugar los playoffs de ascenso se acostumbró a ganar, a ser protagonista, a decicarle a una afición más unida que nunca sus triunfos en estadios sin gradas.

Y así el autobús descapotable salía de las cocheras para volver a dirigirse hacia la Fuente de la Asamblea, con fuegos artificiales de fondo y los medios nacionales recuperando de lo más profundo del archivo el escudo del rayito para incluirlo de nuevo en sus clasificaciones semanales. Y lo incluyeron, y a esas gradas en las que tres mil fieles aguantaban el frío contra el Villa Santa Brídiga empezó a llegar más gente, y empezaron a llegar ojeadores de todas partes porque el Rayo era de nuevo protagonista en el mundo del fútbol.

La dinámica positiva de un bloque ganador casi llevó al equipo hasta Primera División, pero no pudo ser y en el verano se dejó salir a demasiado rayista y se firmó a demasiado jugador indiferente a la franja roja. Era el comienzo del fin de esta etapa de Mel en Vallecas. “No se verán resultados inmediatos”, avisaba el técnico. “El objetivo no puede ser otro que subir a Primera”, respondían los máximos dirigentes del club.

Así hasta este sábado, cuando un Mel ya desquiciado prácticamente arrojaba la toalla. Desgastado por el esfuerzo, el técnico ya no tenía la claridad necesaria para montar de nuevo un puzzle en el que muchas piezas tampoco se esfuerzan por encajar. En la segunda parte contra el Girona lanzó un mensaje al aire enviando al banquillo a Rubén Castro y a Movilla, asumiendo con tristeza el fin de su ciclo en Vallecas.

Se marchó por el túnel con la cabeza baja, pero se marcha del Rayo con la cabeza alta. Las decisiones de un técnico siempre pueden y deben ser cuestionadas por los que vemos los toros desde la barrera, pero la profesionalidad, dedicación y horas de trabajo son fácilmente demostrables. No le irá mal al Rayo si Felipe o el que venga después trabaja lo mismo y lucha tanto por Vallecas como lo ha hecho Pepe, pero seguro que hoy es un día triste para un rayista…o para muchos.

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